Mucha hebra para tan poco hilo

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www.nosolomerida.es | Festival de Mérida | Los hilos de Vulcano | Como percutivo espectáculo de Toom-Pak, desubicado; como mestizo concierto de Carmen París, corto; como latinizada comedia mitológica, ineficaz. Mal que les pese a sus promotores, ese es el paupérrimo resultado que arroja a la postre la arriesgada propuesta de trenzar tres hebras inconexas en un montaje bautizado como ‘Los hilos de Vulcano’ por su creadora, Marta Torres.

En verdad, la idea primigenia no pintaba del todo mal: se pretendía recrear el popular episodio cantado por el aedo Demódoco en el salón de Alcinoo, rey de los feacios, en el canto VIII de ‘La Odisea’ de Homero; aquel que narra el particular trío de (des)afectos que se establece entre el trabajólico Hefesto, su esposa Afrodita y el marrullero Ares, adaptado, eso sí, al panteón romano, sustituyendo a los protagonistas originales por Vulcano, Venus y Marte. Pero, en algún momento del proceso creativo, el ‘horror vacui’ se apoderó de las cabezas pensantes y, lo que podría haber sido una divertida fábula moralizante acerca de la infidelidad y las peligrosas consecuencias de su descuidada gestión, terminó convertido en un vodevil posmoderno en el que, una vez más, sobresale lo auxiliar por encima de lo esencial.

Porque, visto lo visto lo visto, sobra la muleta del texto de inspiración grecolatina. Si lo que se quería era dar rienda suelta a los fogosos ritmos de Toom-Pak unidos a las hibridaciones vocales de Carmen París, no hacía falta semejante coartada. Eso sí, la cosa debería haberse programado al margen de un festival que se dice de teatro clásico.http://www.festivaldemerida.es/fotos/fotos_prensa/1868/files/1868_fichero_1.jpg

La compañía alcalaína de “rescatadores de residuos” es especialista en sacarle ritmo a los objetos más insospechados y, en esta ocasión, sus miembros se transforman en cíclopes y gigantes para extraer música —es un decir— de las pesadas herramientas con las que operan en la fragua de Vulcano, que, dicho sea de paso, capitaliza escenográficamente el Teatro Romano. Y justo es destacar que sus apariciones se erigen en lo más lucido de la función, ayudadas por las pintonas coreografías diseñadas por Eva Boucherite.

A la zaga le van los breves (pero intensos) escarceos de la París, que evidencia una generosa complicidad con tan singulares músicos, revisitando los tiempos en los que calentaba las noches madrileñas desde la sala Morocco con su cabaretera ‘Carmen Lanuit’. Su vozarrón maño hace las veces de un coro al que solo cabe achacar un poco de ininteligibilidad y un mucho de simplismo.

Por eso, decíamos más arriba, lo de menos es un texto que convierte la mitología clásica en un puñado de chabacanas gracietas a las que no cuesta arrancar la risa fácil de un público demasiado agradecido, apelando a la ridiculización de manidos arquetipos como el tullido, el imbécil, el maricón, la puta —profesional— y la putilla —aficionada—, que en otro contexto provocarían una avalancha de reproches y denuncias (más o menos justificadas) por parte de los adalides de la corrección política pero que aquí, al menos la noche del estreno, fueron (sorprendentemente) bien digeridos por una claque entre acalorada y adormecida.

Por cierto, de un reparto que incluye a Verónica Forqué, Fele Martínez, Melani Olivares y Tomás Pozzi, basta decir que es Javi Mora quien cosecha mayores aplausos y despierta las risotadas más estentóreas. Con eso, me parece, está todo dicho.

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